La política atraviesa otra vez un examen severo por la crisis de confianza que pesa sobre sus liderazgos y estructuras democráticas. Esa pérdida de fe ciudadana no aparece como una abstracción, sino asociada en el texto a corrupción, clientelismo, incapacidad para reducir desigualdades y desconexión de los políticos con la vida cotidiana, elementos que minan la legitimidad y amplían la distancia entre el poder público y las necesidades colectivas.
El señalamiento también deja ver una brecha cada vez más nítida entre el discurso y los resultados. Cuando las agendas partidarias y corporativas se imponen sobre las prioridades sociales, y la lentitud de las políticas públicas se mezcla con la polarización mediática, se debilitan los espacios de debate y participación. En ese marco, la política pierde capacidad de inspirar, transformar y sostener el bien común.
El texto añade que estudios del PNUD y del Barómetro de las Américas confirman una caída sostenida de la confianza en partidos e instituciones en República Dominicana y en buena parte de América Latina. Esa tendencia refuerza la advertencia institucional: sin legitimidad, la política se vacía de contenido y el contrato social entra en tensión, por lo que se vuelve indispensable una ciudadanía más vigilante y una mayor rendición de cuentas de quienes ejercen poder.
