Claudia Medina, de 44 años, oriunda de Cristo Rey, ha construido en DP World una trayectoria que va mucho más allá de un ascenso individual. Su historia refleja también las cargas sociales y económicas que todavía pesan sobre muchas trabajadoras cuando intentan abrirse espacio en empleos históricamente dominados por hombres.
Antes de manejar maquinaria pesada en el puerto, sostuvo a su familia con trabajos como cobradora de guagua pública, costurera de juegos de sábana y vendedora de palomitas de maíz en escuelas, siempre en medio de prejuicios que, según el texto, aún no desaparecen.
Desde hace dos años trabaja como camionera y conduce uno de los 114 vehículos de transferencia interna de la aduana. Su caso se integra al grupo de 1,200 empleos ocupados por mujeres dentro del ecosistema del puerto DP World, equivalente a cerca del 25 % del total. La empresa presenta esa cifra como una señal de oportunidad, pero la trayectoria de Medina deja ver el contraste entre ese avance y la realidad de mujeres que han tenido que superar barreras sociales, laborales y familiares para llegar hasta allí.
La trabajadora, que aspira a operar una de las 35 grúas pórtico sobre neumáticos en Caucedo, también contó uno de los episodios más duros de su vida: los dos accidentes sufridos por uno de sus hijos, que elevaron los gastos médicos. Ese relato vuelve a colocar en primer plano el costo real que afrontan los hogares y la importancia de que las oportunidades laborales no se midan solo por la participación numérica, sino por su capacidad para aliviar las presiones económicas que viven las familias.
