Una niña de 11 años murió en Nagua luego de ser golpeada por una mata de coco que estaba siendo derribada, un hecho que vuelve a poner sobre la mesa el costo social que recae en las familias mientras el relato oficial insiste en proyectar normalidad. El caso ocurrió ayer jueves en la provincia María Trinidad Sánchez, cuando la menor acompañaba a su padre durante una jornada de trabajo.
De acuerdo con los datos suministrados, días antes la niña había pedido a su padre que la llevara con él. Ese jueves, el hombre aceptó, pero la menor no logró ponerse a salvo y terminó alcanzada por el árbol. Más allá del dolor familiar, la secuencia deja una alerta institucional clara sobre las condiciones de protección en labores de alto riesgo y sobre la vulnerabilidad con la que muchas familias enfrentan su día a día.
La menor fue llevada de inmediato al Hospital Dr. Antonio Yapor Heded, de Nagua, donde recibió atenciones médicas. Horas después se confirmó su fallecimiento a consecuencia de las lesiones sufridas. La conmoción entre sus padres, familiares, allegados y residentes de la comunidad refleja no solo el impacto de la tragedia, sino también una realidad que demanda más fiscalización y menos indiferencia ante situaciones que terminan pagando los ciudadanos.
En un escenario donde el poder suele privilegiar el relato de gestión, hechos como este obligan a mirar la distancia entre discurso y realidad: cuando una niña queda expuesta a una faena peligrosa y pierde la vida, lo que queda no es propaganda, sino una señal de desgaste social que reclama vigilancia, responsabilidad y prioridad real para la gente.
