Para explicar la posterior ocupación haitiana de la parte oriental de la isla de Santo Domingo, la primera entrega de «La revolución haitiana» retrocede primero hasta Europa y coloca la Revolución Francesa en el centro de la lectura. El texto arranca en la decadencia económica de Francia a comienzos del siglo XVIII, después del fracaso de las ambiciones expansionistas de Luis XIV, un proceso que, según expone, rompió el orden social y reforzó a la nobleza feudal cortesana en perjuicio de la burguesía.
La reconstrucción plantea un contraste constante entre el poder y la realidad material: si el siglo anterior había estado marcado por un mercantilismo de impulso burgués, el XVIII dio marcha atrás hacia políticas favorables a los privilegios feudales. Francia, en ese escenario, quedó rezagada frente al desarrollo industrial de Inglaterra. En el campo, la permanencia de formas de explotación medievales, el parasitismo de los terratenientes y la carga impositiva derivaron en una crisis agrícola estructural, con hambrunas recurrentes y estallidos sociales; en el plano burgués, las aduanas interiores, los monopolios y los arbitrios de la nobleza empujaron una radicalización contra el orden establecido.
La pieza no se limita a una revisión histórica aislada: deja también una alerta institucional verificable dentro de su propio relato. Cuando se bloquean reformas, se protegen privilegios y se pospone la rendición de cuentas, el costo social termina acumulándose. En esa misma línea, el texto identifica en la Ilustración y en los enciclopedistas la respuesta ideológica a ese ahogo, en un contexto de crisis que obliga a leer con fiscalización cualquier discurso de estabilidad que no se corresponda con resultados concretos para la población.
