Cada cuatro años reaparece la misma queja sobre el Congreso: que no representa, que los diputados no trabajan y que la ciudadanía no se siente reflejada. El texto atribuye ese deterioro no solo a los partidos, sino al sistema de elección, y pone el foco en las listas plurinominales abiertas, presentadas como una fórmula que en la práctica premia la movilización interna por encima de la calidad de las candidaturas.
Según el planteamiento, ese esquema permite llegar al Congreso sin convencer a la mayoría de una circunscripción, sino apenas a una parte de los votantes del propio partido. El resultado, advierte, es la entrada de candidatos sin trayectoria legislativa ni propuestas, además de abrir espacio a fondos de campaña de origen dudoso o desconocido. En ese punto aparece un contraste de fondo entre el discurso de representación y la realidad de un modelo que diluye responsabilidades y vuelve abstracta la figura del diputado cuando el ciudadano necesita reclamar por su territorio.
Frente a ese cuadro, se propone el modelo uninominal 1 contra 1, con una circunscripción y candidatos obligados a recorrer barrios y buscar respaldo más allá de su núcleo partidario, ya sea entre simpatizantes del PLD, del PRM, de la Fuerza del Pueblo, independientes o partidos minoritarios. La discusión, más que técnica, deja una alerta institucional: mientras se mantenga un mecanismo que reduce la exigencia sobre quienes aspiran al Congreso, seguirá pendiente una fiscalización real sobre cómo se elige a quienes luego deben fiscalizar el poder y responder ante la gente.
