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El cambio del viejo “28” vuelve a ser puesto bajo examen por sus resultados y su control

agosto 1, 2026 · Redactor
El cambio del viejo “28” vuelve a ser puesto bajo examen por sus resultados y su control
Foto: acento.com.do

La defensa de sustituir el antiguo esquema asilar por el actual Centro de Rehabilitación Psicosocial insiste en la dignidad de los pacientes, aunque también deja ver que la salud mental sigue exigiendo capacidad de respuesta, vigilancia y rendición de cuentas.

La conversión del antiguo Hospital Psiquiátrico “el 28” en el actual Centro de Rehabilitación Psicosocial regresa al centro del debate, esta vez con una defensa que su propio impulsor califica de “trascendental e irreversible”. En un texto redactado a partir de las reservas planteadas por psiquiatras, el autor reivindica haber encabezado la transformación y afirma que el viejo modelo de institucionalización crónica suponía una violación sistemática de la dignidad de los pacientes y una ineficiencia estructural para el sistema de salud.

El planteamiento contrapone el discurso de modernización con una realidad que, según el propio escrito, sigue marcada por la inquietud ante la limitada capacidad de respuesta del sistema. El autor diferencia las camas de internamiento para episodios agudos, que atribuye a las Unidades de Intervención en Crisis en hospitales generales, del hacinamiento que durante décadas caracterizó al “28”. Esa admisión refuerza la exigencia de fiscalización sobre la forma en que hoy se garantizan la atención, la reinserción y la autonomía prometidas por el nuevo paradigma.

La imagen de “figuras humanas emaciadas y desnudas” en pabellones inhóspitos aparece como recordatorio del fracaso del modelo previo, pero también como advertencia institucional: una transformación presentada como alineada con los derechos humanos y los consensos internacionales no puede sostenerse solo en la narrativa del cambio. El debate abierto entre especialistas subraya que la política pública en salud mental requiere seguimiento, rendición de cuentas y control desde las instancias competentes, incluido el Congreso, para evitar que la distancia entre la promesa reformista y la respuesta efectiva vuelva a recaer sobre los pacientes.