Un accidente ocurrido mientras la influencer Yaritza Ortiz grababa un video en la avenida del malecón de San Pedro de Macorís volvió a colocar sobre la mesa la tensión, cada vez más evidente, entre la viralidad y la seguridad ciudadana. El hecho quedó registrado en video y se produjo cuando Ortiz intentó cruzar la vía y terminó impactando con una motocicleta, en un tramo de alto flujo vehicular que desató después un debate en redes sobre quién debía responder por lo ocurrido.
Ortiz afirmó que todo sucedió en un segundo y sostuvo que el joven iba a exceso de velocidad. Sin embargo, tras difundirse las imágenes, el motorista Enyer Crispín rechazó asumir toda la culpa y mostró fotografías de su rostro con hematomas e inflamación. “Quizás ella quiere poner como que solamente yo fui el culpable, pero en el video claramente se ve que ella también se mete en una vía donde pasan cientos de vehículos sin mirar para ningún lado. A mí no me dio tiempo a nada porque ella se metió de repente; no hubo tiempo de reaccionar para ninguna de las partes”, declaró.
Crispín añadió que sufrió una fractura en un hueso de la cara que requerirá una intervención quirúrgica y advirtió que el accidente pudo involucrar a cualquier otro conductor por el alto flujo de esa avenida. Más allá de la discusión en redes, el caso deja un contraste difícil de obviar: detrás del contenido que circula con rapidez quedan daños concretos y la necesidad de fiscalizar conductas que trasladan el espectáculo digital a espacios donde el costo lo terminan pagando ciudadanos expuestos al tránsito diario.
