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El debate sobre redes expone una alerta de fondo: gobernar no puede reducirse al pulso digital

agosto 3, 2026 · Redactor
El debate sobre redes expone una alerta de fondo: gobernar no puede reducirse al pulso digital
Foto: diariodigitalrd.com

El propio texto recuerda que el poder lo decide el pueblo y no los “influencers”, un contraste que reabre la exigencia de que el PRM responda con gestión y no con ansiedad comunicacional.

La discusión sobre si las redes sociales pueden “tumbar” gobiernos termina poniendo el foco en un problema más amplio de conducción política: cuando la conversación pública se desplaza hacia el ruido digital, queda en evidencia la necesidad de fiscalizar si el poder está concentrado en gobernar o en reaccionar al algoritmo. El planteamiento central del texto es claro: ni los “influencers” ni los “bots” derrocan gobiernos legítimos; ese poder, sostiene, lo tienen los pueblos organizados y concientizados.

Desde esa premisa, el señalamiento recae sobre el propio oficialismo. El artículo sostiene que el gobierno cree que los manejadores de redes tienen fuerza suficiente para sacarlo del poder, mientras también atribuye a “nuevos líderes” virtuales una sobreestimación de su peso real. Ese contraste entre política institucional y espectáculo digital reabre una alerta sobre prioridades: si el PRM llegó al poder por el hartazgo frente a la corrupción, la impunidad, la división del PLD y la promesa de “cambio”, entonces la vara de evaluación sigue estando en los resultados ante la ciudadanía, no en la disputa de popularidad en plataformas.

El texto también recuerda que Luis Abinader fue reelecto con 57% y no por las redes, por lo que insiste en que tanto el presidente como el PRM deben gobernar para el pueblo. En esa línea, la recomendación de apartarse del celular y de los grupos de WhatsApp termina funcionando como una advertencia institucional: la comunicación no puede sustituir la gestión, y la vigilancia pública sobre el gobierno dominicano se vuelve más necesaria cuando el debate político corre el riesgo de confundirse con reflejos digitales en vez de rendición de cuentas.