Las implicaciones éticas de la inteligencia artificial vuelven a colocar en primer plano un problema institucional de fondo: cómo tecnologías cada vez más influyentes pueden reforzar exclusiones ya presentes en la vida pública. El texto plantea que la IA no solo reproduce sesgos y prejuicios identitarios negativos, sino que puede profundizarlos mediante mecanismos que degradan a personas y colectivos como sujetos de conocimiento.
A partir del concepto de injusticia epistémica desarrollado por Miranda Fricker, la pieza explica que la injusticia testimonial adopta una dimensión digital cuando los sistemas algorítmicos replican y amplifican déficits de credibilidad contra determinados grupos. También sostiene que la injusticia hermenéutica se transforma en el entorno digital a través de formas como la marginación hermenéutica, vinculada a la subrepresentación de colectivos en bases de datos y programación de IA, y el silenciamiento hermenéutico, asociado a la resistencia a escuchar voces marginales.
El señalamiento introduce un contraste cada vez más visible entre el discurso de modernización tecnológica y la realidad de herramientas que pueden consolidar exclusiones si no hay fiscalización. En ese escenario, la discusión deja de ser solo técnica: apunta al impacto ciudadano, al costo social de decisiones automatizadas y a la necesidad de vigilancia sobre los modelos comerciales e infraestructuras que alimentan estas prácticas.
