La anexión a España de 1861 quedó como un episodio extremo de ruptura institucional. Con la promesa de estabilidad, Pedro Santana promovió la reincorporación de la República Dominicana a la monarquía española y la República dejó de existir jurídicamente. Todo ello se produjo en medio de conflictos políticos, crisis económicas, rivalidades internas y temor a nuevas invasiones haitianas, pero la respuesta elegida acabó situando la soberanía nacional bajo control extranjero.
La resistencia apareció desde el comienzo. Francisco del Rosario Sánchez intentó organizar una expedición contra la anexión, fue capturado y fusilado en San Juan de la Maguana el 4 de julio de 1861, después de sostener que la nacionalidad dominicana no podía ser entregada. Desde entonces empezó a tomar forma la Independencia Restauradora, al mismo tiempo que aumentaba el descontento por la discriminación, los nuevos impuestos, los abusos administrativos, las restricciones económicas y el trato despectivo de muchos funcionarios españoles hacia los dominicanos.
Esa distancia entre la protección prometida y el costo real para la población desembocó en el Grito de Capotillo, iniciado el 16 de agosto de 1863 por un grupo de patriotas encabezado por Santiago Rodríguez. Con la Guerra de la Restauración, extendida sobre todo por el Cibao y con un carácter popular, campesinos, pequeños propietarios, comerciantes, antiguos soldados y dirigentes regionales se sumaron a una lucha que volvió a colocar en el centro la defensa de la soberanía y la vigilancia frente a cualquier poder que pretenda sacrificarla en nombre de la estabilidad.
