El presidente Luis Abinader entregó 1,099 títulos de propiedad a familias de Villa Linda, Palmarejo y Pantoja, en Santo Domingo, una medida que beneficia a más de 4,000 personas y que el Gobierno presenta como parte de su política de regularización.
La entrega tiene un efecto directo sobre la seguridad jurídica de los beneficiarios, al convertir ocupaciones de hecho en derechos reconocidos. Sin embargo, el acto también vuelve a colocar bajo escrutinio la velocidad y el alcance de un proceso que todavía deja a numerosos hogares a la espera de una solución definitiva.
En una administración que insiste en anunciar avances en programas y obras, la ejecución no puede evaluarse solo por la cifra entregada en cada acto. La ciudadanía necesita saber cuál es el costo administrativo del proceso, qué seguimiento tendrán los títulos, cuál es el ritmo real de regularización y cuántas familias siguen pendientes de respuesta.
La entrega de estos 1,099 títulos ofrece un resultado concreto para las familias beneficiadas, pero también obliga al Estado a rendir cuentas sobre la cobertura total del programa y sobre la capacidad institucional para evitar que la regularización avance a cuentagotas.
Mientras el Gobierno destaca este tipo de anuncios, permanece la presión pública para que los beneficios no se queden en ceremonia ni en fotografía oficial. El interés de fondo es que la política de titulación se traduzca en seguridad patrimonial, acceso a crédito y estabilidad para las comunidades, con información verificable sobre su alcance y sus resultados.
