Las primeras 48 horas de Abelardo de la Espriella al frente de Colombia abrieron con una brecha entre lo prometido y lo ejecutado. Aunque había anunciado que llegaría a la Casa de Nariño con 70 decretos listos para firmar desde el inicio de su administración, al cierre de su primer fin de semana ese paquete seguía sin materializarse. En cambio, la agenda presidencial estuvo concentrada en recorridos por Cali, Barranquilla y Medellín, mientras Bogotá quedó fuera del primer tramo de su agenda.
La instalación del nuevo Gobierno sí avanzó con la formalización de ministros y otros funcionarios indispensables para poner en marcha el Ejecutivo, pero varias de las decisiones de aplicación inmediata anunciadas previamente, incluidas las vinculadas al gasto público y al nuevo tratamiento de los grupos armados, seguían pendientes. Ese desfase dejó bajo observación el arranque de una gestión que, en su discurso inaugural en Cali, prometió una política más severa frente al narcotráfico y los grupos armados, además de reducción del tamaño del Estado y austeridad fiscal.
Tras la toma de posesión del viernes 7 de agosto, De la Espriella encabezó en Cali un extenso consejo de seguridad que se prolongó hasta la madrugada del sábado, con discusiones sobre erradicación de cultivos ilícitos, seguridad regional y refuerzo de la fuerza pública en el suroccidente colombiano. La seguridad quedó así como el primer eje visible del nuevo mandato, en medio de una puesta en escena territorial que todavía deja explicaciones pendientes sobre cuándo pasarán del anuncio a la ejecución las medidas administrativas y fiscales presentadas como inmediatas.
