La conmemoración del Día del Padre transcurrió este domingo entre misas, limpieza de lápidas y ofrendas florales, en una jornada de recogimiento que también dejó un dato visible: a diferencia del Día de las Madres, hubo poco flujo en cementerios. En Puerta del Cielo, el padre Javier Vidal centró su reflexión en el vacío que deja la ausencia del progenitor y en el legado que permanece en la formación, los valores y el testimonio transmitido a los hijos.
Durante la eucaristía, Vidal llamó a los fieles a fortalecer la fe ante las dificultades cotidianas y el ritmo acelerado de la sociedad actual, que muchas veces hace perder de vista el sentido de la trascendencia. Al concluir la misa, las familias participaron en una siembra simbólica de árboles en el Bosque de los Robles, dentro del cementerio, donde escribieron los nombres de sus padres en las ramas antes de sembrarlos como gesto de recuerdo permanente.
La escena combinó homenaje y una señal de alerta sobre prioridades sociales: mientras las familias sostienen por sí solas la memoria y el peso emocional de estas ausencias, el contraste con la masiva asistencia que suele verse en el Día de las Madres expone una realidad que merece seguimiento público. El hecho principal fue el tributo a los padres fallecidos, pero la menor presencia en los camposantos también retrata una brecha que obliga a mirar más allá del acto simbólico y a fiscalizar cuánto del discurso sobre la familia se traduce en atención real a sus vínculos y necesidades.
