Dos feminicidios ocurridos en entornos vinculados con fiscalías y hospitales han vuelto a exponer dudas sobre la capacidad de respuesta del sistema estatal de protección frente a la violencia de género en República Dominicana.
Los casos de Esmeralda Moronta de los Santos y Nancy Sánchez Gálvez, citados como ejemplo de esta preocupación, refuerzan la demanda de revisar protocolos y de exigir explicaciones sobre posibles fallas en espacios que, por su función, deberían operar como refugio o punto de atención para víctimas en riesgo.
La gravedad de estos hechos no se limita al impacto criminal de los asesinatos. También abre una discusión pública sobre la coordinación entre las instituciones encargadas de prevenir la violencia feminicida, la efectividad de los procedimientos de protección y el seguimiento que reciben las alertas o denuncias cuando una mujer acude a una instancia oficial buscando ayuda.
En ese marco, la obligación del Estado no es solo anunciar medidas, sino demostrar resultados verificables, transparencia en los procesos y rendición de cuentas sobre lo que ocurrió antes de cada caso. La confianza pública depende de que se esclarezca si existieron fallas de protocolo, omisiones de atención o deficiencias de coordinación entre dependencias.
La revisión de estos episodios también vuelve a colocar en el centro la necesidad de que las autoridades ofrezcan respuestas concretas sobre el impacto real de sus mecanismos de protección. En escenarios donde se supone que debe haber resguardo, la ciudadanía espera no solo discursos, sino medidas efectivas que reduzcan el riesgo y eviten que otras víctimas queden expuestas a la misma vulnerabilidad.
Mientras se esperan explicaciones más precisas, los casos funcionan como un recordatorio de que la prevención de la violencia feminicida exige controles institucionales estrictos, seguimiento continuo y capacidad de respuesta inmediata. Sin esos elementos, los espacios públicos llamados a proteger pueden terminar reflejando, en lugar de contener, las fallas del sistema.
