SANTO DOMINGO.– La intervención del exministro de Educación, Roberto Fulcar Encarnación, en la Consulta Nacional para el Futuro de la Educación Dominicana dejó planteado un problema que va más allá del plano técnico: tras cuatro décadas de reformas sucesivas, la sociedad dominicana sigue mostrando una alta insatisfacción con los resultados educativos.
Fulcar presentó sus ideas en el Foro de Expertos y Expertas de esa consulta, organizada por el Ministerio de Educación (Minerd), el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (Mescyt) y el Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep). Allí expuso su postura, titulada «Más que una reforma educativa: un nuevo paradigma para la educación dominicana y un nuevo Compromiso de Nación que lo sostenga», con la que afirmó que el país llegó a un momento histórico en el que es necesario elevar el debate desde las reformas del sistema hacia la construcción de un nuevo paradigma educativo.
El académico recordó que en las últimas cuatro décadas se han impulsado múltiples reformas que ayudaron a fortalecer la institucionalidad educativa, ampliar la cobertura, profesionalizar la carrera docente y consolidar avances. Sin embargo, su planteamiento también dejó en evidencia el contraste entre esos esfuerzos acumulados y la percepción ciudadana sobre los resultados, al advertir que «las reformas fortalecen las instituciones, pero los paradigmas orientan su destino».
Como eje de su exposición, Fulcar formuló una pregunta que también opera como señal de alerta institucional: «¿Qué explica que después de cuatro décadas de reformas sucesivas, la sociedad dominicana continúe sintiendo la necesidad de emprender una nueva gran transformación educativa y siga manifestando una elevada insatisfacción con los resultados educacionales?». Al responderla, sostuvo que ya no basta con corregir el sistema educativo, sino que hace falta fortalecer la idea de educación que orientará el desarrollo del sistema durante las próximas décadas.
La discusión, no obstante, vuelve a colocar en primer plano la exigencia de rendición de cuentas sobre la gestión educativa y sobre la distancia entre los anuncios de transformación y la realidad que percibe la ciudadanía. En ese marco, la vigilancia de la sociedad civil y el debate político sobre las prioridades públicas siguen siendo claves para evitar que una nueva consulta quede solo en formulaciones, mientras persisten las demandas de resultados concretos en servicios esenciales.
