La carrera por la Secretaría General de la ONU alcanzó el 30 de julio un punto decisivo con el primer straw poll del Consejo de Seguridad, un sondeo informal, secreto y no vinculante que volvió a colocar sobre la mesa dos asuntos sensibles: la transparencia del sistema multilateral y la capacidad real de los Estados para influir en una decisión clave. El propio texto destaca que ese proceso requería una participación activa de República Dominicana, una consideración que gana peso político en una coyuntura en la que América Latina y el Caribe parten con ventaja.
Los resultados conocidos por fuentes diplomáticas situaron en primer lugar a la costarricense Rebeca Grynspan, con diez expresiones de “aliento”, seguida por Carolyn Rodrigues-Birkett, de Guyana, con nueve, y Rafael Grossi, de Argentina, con siete. El arranque favorece a la región y coloca a dos mujeres en las primeras posiciones, aunque el desenlace sigue abierto. El mecanismo, por sí solo, no determina la elección: el Consejo de Seguridad busca una candidatura que logre respaldo suficiente sin topar con el veto de China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido o Rusia.
El artículo 97 de la Carta establece que el Secretario General será nombrado por la Asamblea General a recomendación del Consejo de Seguridad, con al menos nueve votos favorables y sin un voto negativo de una potencia con derecho de veto. Entre la presentación pública de candidaturas y la decisión formal se abre, no obstante, una zona de rondas informales no reguladas por la Carta. Esa combinación de oportunidad regional y opacidad procedimental refuerza la necesidad de vigilancia y de explicaciones claras sobre cómo República Dominicana asume un proceso que, más allá del discurso diplomático, pone a prueba resultados, presencia e incidencia institucional.
