Daniel Ortega aseguró que en Nicaragua “no volverá a haber elecciones” para que la oposición dispute el poder, una frase que deja en términos explícitos lo que distintos sectores y la oposición denuncian desde hace años: el abandono de la alternancia democrática y un nuevo paso en la consolidación autoritaria del régimen Ortega-Murillo. El mensaje, pronunciado durante el 47.º aniversario de la Revolución Sandinista, vuelve además a poner sobre la mesa la respuesta de los organismos multilaterales y de los gobiernos del hemisferio frente al deterioro democrático en ese país.
En Managua, el copresidente de 80 años sostuvo: “Que se olviden, aquí no volverán a haber elecciones para que por ahí intenten ellos atrapar el gobierno y atrapar el poder”. Añadió también que impulsará nuevas normas junto con la Asamblea Nacional, bajo control del oficialismo, para impedir que partidos opositores puedan disputar el Gobierno por la vía electoral. El anuncio acentúa el contraste entre cualquier discurso de legalidad y la realidad de un sistema que, según el propio mandatario, busca cerrar la competencia política.
Ante esa declaración, la Unión Democrática Renovadora (Unamos) reclamó a la comunidad internacional actuar para que Ortega no siga “con total impunidad” y ejercer “la máxima presión política y diplomática” para abrir una ruta hacia la democracia. El grupo, formado por disidentes nicaragüenses desnacionalizados en el exilio, sostiene que desde el retorno de Ortega al poder en 2007 el Gobierno sandinista les ha “robado ese derecho” a unas elecciones libres, en una denuncia que ahora encuentra una confirmación directa en boca del propio gobernante.
