La República Dominicana pasó al segundo lugar mundial en transparencia presupuestaria, según la Encuesta de Presupuesto Abierto 2025, que le otorgó 82 puntos y la colocó por encima de los promedios regional y global.
El resultado representa un avance relevante en materia de acceso a la información fiscal, pero también abre una exigencia mayor sobre la calidad de la rendición de cuentas. Un mejor puntaje no sustituye la necesidad de que el Gobierno sostenga la apertura con datos verificables, seguimiento al uso de los recursos y resultados concretos para la ciudadanía.
En un contexto en el que la transparencia se mide no solo por la publicación de cifras, sino por la capacidad de explicar cómo se ejecuta el presupuesto y qué impacto tiene, el ascenso del país debe leerse como un punto de partida y no como una conclusión.
La mejora posiciona a República Dominicana por encima de los promedios regional y global, pero también eleva el nivel de escrutinio sobre la gestión pública. La pregunta de fondo deja de ser únicamente cuánto se publica y pasa a ser qué tan útil, accesible y comprobable es esa información para el control democrático del gasto.
El desafío para las autoridades será convertir la calificación en una política sostenida de apertura, con seguimiento institucional, claridad sobre el costo de las decisiones y mecanismos que permitan medir si la mayor transparencia se traduce en mejor supervisión y en beneficios reales para la población.
