El anuncio del Ministerio de Educación de prohibir el uso de celulares en el nivel inicial y limitarlo en primaria y secundaria no cerró la discusión, sino que expuso opiniones divididas entre ciudadanos y docentes consultados. Mientras algunos respaldan la disposición por entender que los teléfonos afectan la concentración y se han convertido en un distractor dentro de las aulas, otros advierten que también pueden servir como herramienta educativa y de comunicación en casos de emergencia.
La medida, contenida en la orden departamental 011-2026 emitida por el ministro de Educación, Luis Miguel De Camps, establece que en secundaria los dispositivos móviles solo podrán usarse con fines pedagógicos y bajo supervisión docente. Sin embargo, las reacciones recogidas muestran que el debate no se limita a restringir o permitir, sino a cómo se aplicará una decisión que requerirá vigilancia, criterios claros y capacidad real de los centros para distinguir entre distracción y uso académico.
Entre las personas consultadas hubo respaldo a la restricción con el argumento de que “Mientras estén estudiando, es a estudiar que van. Hacen de todo con el teléfono, menos estudiar”, mientras un profesor de liceo nocturno afirmó que “Uno de los distractores más fuertes que tienen los jóvenes en el proceso de enseñanza-aprendizaje es el teléfono celular”. Pero también surgieron llamados a flexibilizar la medida en situaciones específicas. “Depende de la función en la que tú lo utilices. Puede ser productivo como también puede ser algo negativo”, señaló una persona entrevistada, y una maestra sostuvo que “Cada maestro debe buscar estrategias para trabajar y utilizar el celular en momentos específicos como un recurso”, dejando sobre la mesa la exigencia de que la disposición no se quede en anuncio, sino que responda a la realidad del aula.
