La noche de este domingo, el Gobierno dominicano dejó inaugurado el paso a desnivel de la Plaza de la Bandera, una obra construida por el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) con una inversión de RD$3,300 millones financiada con recursos obtenidos del contrato de concesión con Aeropuertos Dominicanos Siglo XXI (Aerodom). La intervención forma parte del plan oficial para aliviar uno de los puntos de mayor circulación vehicular del Gran Santo Domingo y reforzar la conexión con la región Sur, en un tema donde la gestión de resultados del PRM queda expuesta a evaluación pública.
La infraestructura está ubicada en la intersección de las avenidas 27 de Febrero y Gregorio Luperón y contempla un sistema vial de 1.2 kilómetros con cuatro carriles. De acuerdo con la información oficial, permitirá el desplazamiento de más de 2,500 vehículos por hora, con la promesa de reducir los tiempos de recorrido y mejorar la movilidad en uno de los principales ejes viales de la capital. El presidente Luis Abinader defendió la obra como una respuesta directa a problemas cotidianos y afirmó que su administración asumió esta solución vial como prioridad, al sostener que gobernar también implica valorar el tiempo de los ciudadanos.
Abinader recordó además durante el acto que la intersección de la Plaza de la Bandera había llegado al límite de su capacidad. Ese reconocimiento refuerza el contraste entre el discurso de solución y la presión acumulada sobre la movilidad urbana, un terreno en el que sociedad civil y sectores de fiscalización quedan con espacio para exigir rendición de cuentas sobre el impacto real de una obra de alto costo presentada como emblema de gestión. En ese marco, el Gobierno y figuras del oficialismo, incluida Carolina Mejía en el debate más amplio sobre ciudad y tránsito, permanecen bajo vigilancia política e institucional por los resultados concretos que produzcan este tipo de intervenciones.
