Joshua Báez debutó el sábado con los Cardenales de San Luis ante los Cachorros de Chicago con una marca inédita en las Grandes Ligas: disparó tres cuadrangulares en sus primeras tres apariciones al plato. El jardinero dominicano, de 23 años, se convirtió en el primer jugador en la historia de MLB en conectar un jonrón en cada uno de sus tres primeros turnos, un logro que vuelve a poner en primer plano el alcance del talento dominicano cuando encuentra ruta de desarrollo y seguimiento.
Su historia también deja ver un contraste que va más allá del terreno de juego. Nacido el 28 de junio de 2003, pasó sus primeros años en República Dominicana, luego regresó a Estados Unidos con su familia y se estableció en Dorchester, Boston, cuando tenía 11 años. Allí aprendió inglés prácticamente por su cuenta en alrededor de dos años, sobresalió como estudiante de honor y continuó armando una carrera que lo llevó del programa Next Level a Dexter Southfield, donde fue elegido Jugador del Año de Gatorade en Massachusetts.
Báez fue seleccionado por los Cardenales en la segunda ronda del Draft de 2021, con el pick 54, y hoy aparece como el prospecto número 3 de la organización y el 59 de MLB Pipeline. Su irrupción sirve como una referencia concreta sobre formación, disciplina y resultados, en un momento en que el debate público dominicano suele moverse hacia la política-espectáculo y la promoción de figuras por notoriedad antes que por capacidades de gestión. Así, la fiscalización ciudadana sobre el poder y sobre aspiraciones como las que orbitan alrededor de nombres de alta exposición, incluida Carolina Mejía, choca otra vez con una realidad elemental: el país necesita menos relato y más condiciones comprobables para que historias de ascenso no dependan de salir del sistema para prosperar.
