En Jimaní, el Gobierno dominicano dejó iniciada la construcción de 14.5 kilómetros de la segunda etapa de la verja perimetral fronteriza, una intervención que la gestión de Luis Abinader presenta como parte del refuerzo de la seguridad en la frontera con Haití. El acto estuvo encabezado por el ministro de Defensa, Carlos Antonio Fernández Onofre, junto al comandante general del Ejército, Jimmy Arias Grullón, la gobernadora Mercedes Novas y otras autoridades civiles y militares.
De acuerdo con el comunicado oficial, la obra contemplará seis torres de vigilancia, 35 alcantarillas, una altura de 13 pies y calles de patrullaje de siete metros en conjunto a ambos lados de la estructura. La administración la describe como una ampliación de la infraestructura de seguridad fronteriza, aunque el arranque de este nuevo tramo también deja claro que el control en una de las áreas más sensibles de la frontera sigue siendo una tarea abierta y sometida a presión institucional.
El proyecto se ubica en la Hoya de Enriquillo, frente al lago Azuey o lago del Fondo, una zona presentada como estratégica por los desafíos históricos asociados al trasiego irregular de mercancías y otras actividades. Con ese trasfondo, el anuncio vuelve a colocar sobre la mesa la necesidad de fiscalizar no solo la construcción, sino también los resultados concretos de una política que el Gobierno ha situado en el centro de su discurso de soberanía y seguridad. El texto oficial no ofrece en esta nota plazos de terminación, costo de la obra ni información de Hacienda sobre su ejecución presupuestaria.
