En la plaza de San Pedro, desde el Palacio Apostólico, el Papa León volvió a pronunciarse sobre Ucrania con un mensaje centrado en el contraste entre la lógica de guerra y sus efectos sobre la población civil. Su intervención llegó tras los últimos ataques rusos contra la ciudad de Zaporiyia y la región homónima, que dejaron al menos un muerto y 25 heridos, según datos del gobernador Ivan Fedorov. En las últimas 24 horas, añadió, las fuerzas rusas realizaron 886 ataques contra 54 localidades de la región.
«Con el corazón dolorido he seguido las noticias de los violentos ataques que recientemente han golpeado varias ciudades e infraestructuras civiles en Ucrania, provocando la muerte de personas inocentes», dijo el Pontífice, antes de insistir en una petición concreta: «Renuevo mi llamamiento a poner fin a la violencia, a detener la destrucción, a abrir los corazones al diálogo y a la paz. Deseo que los esfuerzos emprendidos en estos días para reanudar las negociaciones den frutos concretos y abran espacio a la diplomacia».
Las cifras difundidas por las autoridades ucranianas refuerzan esa advertencia sobre el costo social del conflicto: Moscú habría realizado 25 incursiones aéreas, empleado 673 drones de distintos tipos —en su mayoría FPV—, además de dos ataques con sistemas lanzacohetes múltiples y 186 bombardeos de artillería. Ya la tarde anterior, un ataque con drones contra Zaporiyia había causado al menos 15 heridos y daños en viviendas y en un edificio destinado a oficinas. En paralelo, el Ministerio de Defensa ruso informó que durante la noche sus defensas aéreas derribaron 258 drones ucranianos en 14 regiones rusas, así como en la Crimea ocupada y sobre las aguas de los mares Negro y de Azov, en un escenario que mantiene abierta la exigencia de vigilancia internacional sobre cualquier intento real de negociación.
