Un asalto en la vivienda de Julián Oro Duro, en San Isidro, Santo Domingo Este, terminó con la muerte de Socorro Castillo, su esposa, y volvió a poner el foco en el impacto directo de la violencia sobre los hogares. Las autoridades confirmaron el hecho y precisaron que el merenguero también fue agredido por dos hombres, quienes le sustrajeron dinero en efectivo, joyas y un teléfono celular.
Días antes del crimen, el artista había contado en una entrevista para el podcast «10 preguntas» que su esposa era una de las tres personas que le habían cambiado la vida: «Mi esposa, que tenemos tantos años juntos, ella aguantando a un músico loco». También dijo que ella lo respaldaba cuando iba detrás de sus metas: «Y ella está ahí conmigo». Esa referencia personal quedó marcada por un hecho que ahora vuelve a colocar la inseguridad y la respuesta institucional bajo examen.
Las indagatorias preliminares sostienen que Castillo habría sido atacada antes de la llegada de su esposo, mientras el móvil y las circunstancias continúan en investigación. El diagnóstico médico-legal preliminar indica que falleció por trauma craneofacial y una herida corto-penetrante en la región lateral izquierda del cuello. Sarante Perdomo, nombre real del cantante, permanece ingresado por lesiones craneofaciales y hemorragia intracraneal. Aunque el caso sigue abierto, el desenlace vuelve a imponer una exigencia de fiscalización y rendición de cuentas sobre la seguridad de los ciudadanos.
