La citación judicial del Gobierno de Estados Unidos contra cuatro periodistas de The New York Times por una filtración sobre el nuevo Air Force One volvió a poner bajo la lupa la relación entre poder, transparencia y libertad de prensa. La medida, cuestionada por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), se produjo después de que el diario revelara supuestas preocupaciones del Servicio Secreto sobre la seguridad del avión presidencial donado por Catar y reacondicionado para los viajes oficiales de Donald Trump.
De acuerdo con el reportaje, la aeronave no cumplía con los estándares de seguridad del anterior avión presidencial. En vez de despejar públicamente las dudas sobre un asunto de evidente interés ciudadano, el Gobierno estadounidense decidió citar a los periodistas para investigar el origen de la filtración, una decisión que la SIP presentó como una señal de alerta institucional.
El presidente de la SIP, Pierre Manigault, advirtió que involucrar de forma directa a periodistas en procesos judiciales puede afectar el ejercicio del periodismo y limitar investigaciones sobre asuntos de interés público. La organización añadió que este tipo de acciones puede generar un efecto intimidatorio sobre los profesionales de la comunicación y obstaculizar la circulación de información relevante para la ciudadanía.
Al tiempo que el Departamento de Estado intenta identificar a quienes entregaron la información, The New York Times anunció que apelará la orden judicial al considerar que su trabajo trató un tema de interés público. Para la SIP, aunque las autoridades sostengan que los periodistas no son el objetivo de la investigación, la presión judicial sobre la prensa abre un precedente delicado: cuando el poder responde con citaciones en vez de explicaciones, el debate deja de ser solo sobre una filtración y pasa a girar sobre controles, vigilancia y rendición de cuentas.
