República Dominicana se encamina a un cambio demográfico de gran impacto sin que el poder político exhiba una planificación acorde con la magnitud del desafío. El texto sostiene que los planes de gobierno, cuando existen, rara vez superan el horizonte de cuatro años o de un ciclo electoral, aunque el país ya siente la pérdida acelerada de su bono demográfico.
El estudio de 2026 de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) proyecta que para 2050 los niños de 0 a 14 años representarán el 18 % de la población; las personas de 65 años o más, el 17 %; y las de 60 años o más, entre el 22 % y el 23 %. Ese viraje, subraya el artículo, tendrá efectos directos sobre el sistema de salud, las políticas de cuidado, la seguridad social, las pensiones y el empleo. También recuerda que una ley de cuidados presentada hace tres años continúa sin aprobarse en el Senado, un hecho que amplía la alerta institucional sobre la distancia entre los diagnósticos y las respuestas concretas.
La advertencia se extiende, además, a la formación de capital humano frente a los cambios tecnológicos. El texto plantea que la inteligencia artificial transformará la forma de trabajar, producir y relacionarse, y que muchos empleos dejarán de existir, lo que obliga a revisar qué educación reciben hoy los jóvenes y qué preparación real se está construyendo para las próximas décadas. La brecha entre la dimensión de ese reto y la falta de políticas de largo plazo vuelve a poner bajo escrutinio al gobierno dominicano y al Congreso por el costo social de seguir aplazando decisiones estructurales.
