La recomendación de la Organización Mundial de la Salud sobre el uso de lenacapavir de acción prolongada para prevenir la infección por VIH coloca ahora el foco en la capacidad de respuesta de las autoridades sanitarias dominicanas. La terapia, presentada durante la 13.ª Conferencia de la Sociedad Internacional del Sida sobre Ciencia y VIH (IAS 2025), se administra cada seis meses y surge como una alternativa a los comprimidos orales diarios y a otras opciones de corta duración, especialmente para personas con dificultades para sostener tratamientos continuos.
El avance científico llega en un contexto de alta presión: antes de esta nueva terapia se habían registrado 1.3 millones de nuevas infecciones, con mayor impacto en grupos clave y prioritarios como profesionales del sexo, hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, personas transgénero, consumidores de drogas inyectables, personas privadas de libertad y niños y adolescentes. En República Dominicana, donde se estima una población de más de 85 mil personas con VIH, las autoridades informaron que se preparan para incorporar la inyección semestral a los protocolos de prevención y tratamiento y anunciaron un plan piloto dirigido a pacientes de sectores vulnerables.
El esquema inicial contempla pastillas por dos días junto con una inyección y, después, dos aplicaciones subcutáneas al año, separadas por seis meses. Aunque la inyección cuenta además con respaldo de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) y se presenta como una opción para dejar atrás un régimen diario que puede resultar tedioso, el anuncio abre una exigencia inmediata de seguimiento público: que la promesa de innovación no se quede en protocolo y que el acceso efectivo llegue a quienes enfrentan mayor riesgo.
