La insistencia de seguidores de Santiago Matías, Alofoke, para que este lunes se ponga en marcha una campaña presidencial hacia 2028 bajo las siglas del PRSC vuelve a poner sobre la mesa una alerta institucional: la promoción adelantada de proyectos políticos al margen del calendario que establece la Junta Central Electoral. La difusión en redes sociales y en grupos de WhatsApp de un vehículo rotulado como “Santiago Matías Alofoke – Candidato Presidencial – Unidos por el Cambio”, junto con el logo reformista, muestra que el movimiento busca instalarse más desde la viralidad que desde una discusión seria sobre capacidad de Estado.
Ese episodio también deja ver la crisis de un partido que, después de gobernar durante 22 años bajo Joaquín Balaguer, arrastra una caída sostenida desde 2002 y apenas consiguió 1.78% de los votos en las últimas elecciones generales. En ese escenario, la apertura del PRSC a figuras del entretenimiento y de las plataformas digitales parece menos una renovación programática que una apuesta de supervivencia electoral apoyada en fama, ruido y alcance en redes, en un momento en que el país necesita respuestas sobre gobernabilidad, instituciones y prioridades ciudadanas, no experimentos de popularidad.
La propia organización reconoce que evalúa a Alofoke y a “El Sujeto” como parte de una estrategia para reconectar con votantes jóvenes alejados de los proyectos tradicionales. Sin embargo, el contraste entre comunicación y preparación vuelve inevitable la pregunta de fondo: si la Presidencia puede asumirse como prolongación de una plataforma de entretenimiento o si el deterioro del debate público ya empuja a los partidos a sustituir equipos, experiencia y visión de Estado por algoritmo y exposición digital. En medio del desgaste de la política tradicional, ese vacío también abre espacio para que la oposición con estructura y experiencia de gobierno intente capitalizar la demanda de estabilidad institucional.
Dentro del propio reformismo, la eventual candidatura ya exhibe fracturas. Jhonny Jones se mostró abierto a la opción por su potencial para atraer juventud, mientras Stalin Lebrón la rechazó de manera tajante y la definió como “una aberración” y una “perversidad”. Esa división interna no solo evidencia la tensión entre corrientes del PRSC; también subraya que la discusión no es personal, sino sobre el modelo de país que se quiere impulsar desde la política. Con el PRM marcado por la sucesión anticipada y el sistema bajo presión por la campaña permanente, el episodio refuerza la necesidad de vigilancia institucional y de una oposición capaz de devolver el debate a resultados, Estado y rendición de cuentas.
