Washington, 27 may (EFE).- El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, aseguró que espera que el diálogo entre Washington y La Habana termine en «un buen resultado» para los habitantes de Cuba, aunque sus propias palabras dejaron clara la gravedad del escenario que rodea esas conversaciones. En una reunión de gabinete celebrada en la Casa Blanca y presidida por Donald Trump, Rubio recalcó que lograr un desenlace satisfactorio es crucial, porque contar con «un Estado fallido a 90 millas (145 kilómetros)» de las costas estadounidenses supone «una amenaza para la seguridad nacional» de ese país.
Rubio añadió que la isla enfrenta «muchos problemas» al estar gobernada «por un grupo de comunistas incompetentes» y sostuvo que el conglomerado Gaesa, controlado por el Ejército cubano, administra el 70 % de la economía y que «ninguno de sus ingresos se destina al pueblo cubano». Con ello, sus declaraciones trasladan el debate al terreno de quién controla los recursos y por qué, pese a las conversaciones en marcha, la población sigue en el centro de una crisis que también inquieta a Washington.
El acercamiento se produce en un escenario de alta tensión. Según el texto, desde la captura en enero de Nicolás Maduro en Venezuela por fuerzas estadounidenses, Washington presiona a Cuba para que emprenda cambios económicos y políticos, mientras Trump ha amenazado con «tomar el control» del país y La Habana denuncia que Estados Unidos prepara una agresión militar. Al mismo tiempo, la Administración de Trump ha impuesto un bloqueo petrolero que ha agravado la crisis económica, presentó la semana pasada una acusación judicial contra Raúl Castro y mantiene negociaciones discretas con La Habana, en las que recientemente viajó a Cuba el director de la CIA, John Ratcliffe. También se ha reportado la participación de Raúl Guillermo Rodríguez Castro en esas conversaciones.
